A los pies de 8 siglos de historia.

Volver a revivir momentos pasados siempre es difícil, a veces los recuerdas con alegría, otros con algo más de tristeza o incluso añoranza, etapas difíciles y sendas tan monótonas que pueden llegar a alcanzar la desesperación. Días ,que como me gusta definir “de transito”, etapas de las que cuesta sacar algo dos años después y aunque uno le pone el mejor de los empeños poco puede arañar.

 

06 de Septiembre de 2017

Años de pedaleos por la senda del nómada van llegando a su fin, el recuerdo de una colombiana, el tránsito de Quito y aquel gorro de lana de colores que me regalaron en Perú ya ocupan un espacio dentro de las alforjas y de mi corazón. Últimas fotos de recuerdo al Lago Poopó  y la mirada puesta al sur, por delante la ruta 603, al fondo ya se deslumbra el reflejo del salar de Uyuni. Mi cabeza ya va dando vueltas y pensando de que forma me echaré la clásica foto desnudo o jugando con alocadas fotografías de perspectivas sin fin.

Me apresuro para llegar ya lo tengo frente a mí, el reflejo del sol abrasa mis ojos, pero no me impiden de llorar de emoción. Coloco mi cámara, me dispongo a  inmortalizar el momento, un sonido extraño sale de mi cámara compacta, temo el peor de los acontecimientos, el sonido cada vez es más atroz y siento como el salar se mueve de forma tenebrosa , cada vez el sonido es mas aterrador y los movimientos más agresivos, una voz se cuela entre las sales. Mi sueño de llegar a Tierra de Fuego se desvanece, el sonido de una alarma, la voz de mi padre y la música ambiente de aquel albergue me recuerdan donde estoy realmente.

–  Jesusito vete despertando que la catedral de Burgos nos espera.

– Ostia viejo, estaba soñando que llegaba a Ushuaia

– Lo sé , lo sé… estabas tatareando Carros de Fuego.

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Camino de Burgos. 

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Refunfuñando y con más lagañas que ganas, pusimos rumbo a tierras del Cid Campeador, un camino largo, un calor insoportable, colinas que van y vienen, y la misma tónica peregrina que sigue a nuestra contra, algunos descansan junto a las pocas sombras disponibles, otros comparten lo poco que tienen y otros simplemente encerrados en su mundo interior ajenos a todo lo demás.

Ese gran calor daría pie a un fuerte viento del nordeste que iría acabando poco a poco con nuestras reservas, agotando nuestras fuerzas y soñando con coger alguna de esas peregrinas bicis eléctricas con las que en más de una ocasión nos habríamos cruzado. Pero no, aún somos jóvenes de espíritu para ayudas externas ¿Aunque?… sinceramente… un empujoncito eléctrico no nos hubiese venido mal del todo…

La Catedral ya asomaba en el SkayLine burgués, sus gárgolas ya nos miraban de reojo desde la distancia, aunque estábamos de suerte, la corneja volaba junto a nuestra derecha, símbolo de buen augurio.

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Ocho siglos de historia, miles de detalles para observar y detenerse, turistas y más turistas fotografiando sus rincones, gente dibujando sus puertas y escolares tratando de no dormirse con las explicaciones de sus profesores ¿Que hago yo aquí, si yo solo quiero un Big-Mac? y entre todo este barullo de transeúntes dos cicloviajeros celebrando su llegada a los pies de la Catedral, nosotros por supuesto…

– Aún es temprano viejo, ¿seguimos?

Y así fue cómo ,sin penas ni glorias, en un trazado, como dije anteriormente, de simple, tránsito, sería como llegaríamos hasta Monasterio de San Juan Ortega.

 

 

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