1 de Enero. A los pies de la Catedral.

 

IMG_31541 de Enero de 2017

7 de la mañana, nuestros ojos desvelados  mientras que  otros ni se han acostado. Por delante escasos 5 km hasta la Catedral. El albergue de Monte do Gozo abre sus puertas, mirada atrás:

– No, no nos dejamos nada. – ¿las credenciales? – Tranquilo las llevo conmigo. – Arranquemos pues.

Bajada primera, un giro cerrado a la derecha, a pie de carretera. -Cuidado. -Vienen coches? – No – entonces crucemos a la izquierda.
Un alto monumento junto a una rotonda. – Es allí papá, sígueme, aún lo recuerdo de mi primera vez por la Vía de la Plata.

Exacto esas letras rojas con las palabra Santiago de Compostela, nos volvían a recibir.

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– Sigamos viejo. Queda poco… 

– lo que tu digas chavalote. 

Por el camino nos cruzamos con personas de la noche, tacones en manos, corbatas desanudadas, rostros caídos; señal de una noche de excesos, botellas rotas y signos de festejos. Nosotros sobrios y con la mirada puesta en nuestro destino, la Catedral.

IMG_20170101_102529Porta do Camiño, rodamos en busca del casco histórico por la rúa das Casas Reais, subida nerviosa hasta la praza de Cervantes. La rúa da Acibechería, praza Inmaculada desolada, el monasterio de San Martín nos hace de preámbulo, un arco de Palacios silenciado sin músicos ni gaitas, Santiago ciudad aún dormida, un giro más casi lo tenemos.
Padre… bienvenido a la gran Plaza del Obradoiro, bienvenido a la majestuosidad de la Catedral del Santo Apóstol Santiago. – Abrazos, emoción, fotos, plazas aún desiertas.
– Amarremos las bicis- ¿En la Puerta de una Iglesia?- Nunca se sabe viejo-  Entrada a la Catedral: una misa bajo aquél botafumeiro colgante y un canto celestial de una monja hermana junto al altar.

Daros felizmente la paz, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… subida por aquella estrecha escalera de escalones gastados, por el tiempo y el peregrinar de muchos. Un fuerte y agradecido abrazo a Santiago por habernos guiado hasta él, un oscuro pasillo hasta una tenue urna plateada y una puerta de Cristal que nos conducía hasta la Sacristía, donde oficialmente nos concederán la esperada Compostela.

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Primeros Bicigrinos del 2017.
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Celebrando con niponas.
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Próxima Parada: Fisterra

Un abrazo amigos!

Santiago cada vez más cerca.

Buenas amigos!
¿Por dónde lo dejamos?  Galicia, playa de las Catedrales, provincia de Lugo, Mondoñedo y  Abadín.

Sí, Abadín, sigamos desde ahí.

IMG_20161230_083833Despertamos bastante temprano, mucho más de lo habitual, antes de que el sol se despegara de sus sábanas para iluminar un día mas. Guantes, gorro, dobles calcetines, ropa de faena y chubasquero, tan solo nos faltaba el trineo y el plumífero.

Por delante unas calles desiertas con escasa iluminación y un silencio roto por el chasquido de nuestras doloridas bicicletas. Ataviados con focos  y reflectantes nos metimos en aquellos fríos y oscuros bosques. Una niebla espesa, que helaba hasta los huesos, hizo que nuestros focos perdiesen su eficacia con tanto reflejo y que su haz de luz se disolviera entre aquellas partículas en suspensión.

Sonidos de la noche, el crujir de las ramas que se quebraban a nuestro paso por aquel camino de árboles cubiertos de musgo, rumor de algún ave nocturna y algún que otro ladrido en la lejanía.

Nuestro pedalear suave se iba incrementando sin miedo pero con un profundo respeto a la hostil y oscura naturaleza, a paso lento pero sin pausas. Un entorno propio de las películas de terror que se irá apaciguando a medida que el gran astro iba apareciendo entre las ramas de aquel bosque encantado.

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Un puente sobre un pequeño río nos intentaría una y otra vez prohibir el paso al otro lado. Un puente de madera barnizada, lijada y de tres sectores planos, sin escalones y completamente humedecida por la niebla aún reinante. Todo ese conjunto daba a aquella infraestructura el premio a la pista de patinaje artístico del año, un puente que recordaba al verdín de las rampas de varada náutica, el suelo mojado de un salón cualquiera, el barro incrustado en la fina arena de una playa. Sin dudarlo, todo un máster en arquitectura para aquel que diseñara tal obra, bonita sí, pero para nada útil e incluso peligrosa, estando mojada.

“Algo” nos dijo que deberíamos de bajar de las bicis para subirla y, menos mal que lo hicimos, fue poner la primera rueda y resbalar la bicicleta antes que nosotros. Entre sustos e intentos, sujetándonos como podíamos a los barrotes de la barandilla, pudimos finalmente superarla con un bronce y una plata ganados con el patinaje artístico, ya que el oro se lo ganó mi compañera rodante patinando puente abajo sin control. Mientras nosotros, como ya he dicho, nos agarramos  como pudimos a las barandillas de aquel puente infernal. Al final una anécdota con la que nos echamos unas risas mañaneras.

IMG_20161230_093640.jpgY seguimos ruta. A cero grados o menos, la vegetación congelada, con las cejas heladas y estalactitas nasales hasta la barbilla, el Yoda y la ardilla de mi padre nos miraban con cara de ¿y yo qué hago aquí? Algún que otro perrillo que saldría a saludarnos y más de una vaquilla que capeaba como podía aquellas temperaturas, vendrían a corroborar que realmente estos dos locos trotamundos seguían vivos y no convertidos en Yetis.

15780937_1169539623082055_4173529213687929096_n.jpgUn albergue próximo, aún cerrado, y junto a una estación de bomberos sería el rincón elegido para , con infiernillo y bombona de gas en mano, calentarnos por dentro con un café a punto de ebullición. Un muda sustituyó a los calcetines empapados y un resto de paquete de avellanas nos terminaría de dar la energía suficiente para  seguir nuestro camino.

Durante mucho tiempo rodamos en soledad y acompañados de la espesa niebla. No sería hasta bien pasado Villalba, donde la niebla al desvanecerse nos dejaría ver en la distancia dos cuerpos andantes, cargados con mochilas y con la misma ilusión que nosotros, la australiana Tania con un acento peculiar y  español decente y entendible, y la aún más peculiar mujer de León, María José, que se encargaría de recordarnos constantemente que no fuésemos tan quejicas, que no hacía tanto frío… Claro, para ella y los esquimales no era para tanto, pero para dos jóvenes del sur de España, algo de fresco si que hacía. Paseamos descabalgados y andando juntos una muy larga y distraída jornada, no recuerdo cuántos km anduvimos los 4, pero fue lo suficiente para desconectar y reírnos todos por un buen rato y compartir por supuesto la experiencia del camino. Y con tono de Nino Bravo: Y al partir, un beso, una foto, unos abrazos y un adiós. Nos despedimos y volvimos a ser dos.

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Un sello en Baamonde estampado por una alegre pareja alberguera que soñaba con bajar al sur y conocer Andalucía, y una subida en busca de Miraz, serían la continuación de la jornada. Una jornada cargada de ánimos y desanimos según iba pasando, es increíble la coctelera de sensaciones que puede obtener uno con este camino y con cualquier otro tipo de viaje. Una coctelera donde podemos pasar de desanimos a ánimos, de llantos a risas, de no puedo más a qué fortaleza la nuestra, de la soledad a la compañía y de nuevo a la soledad.

El resto  de kilómetros lo haríamos con el sol escondiéndose entre las montañas y despidiéndose en reflejos perdidos entre las hojas de los árboles de aquella senda. Aún con luz pero con unas temperaturas que comenzaban a descender tomamos la decisión de dar por concluida la jornada en el albergue de Roxica, donde la lumbre de una chimenea nos ofreció la mejor despedida posible a la jornada vivida.

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Compañeiros, doces soños
Boas noites

Playa de las Catedrales, un desvío especial.

15697800_1302221899841208_8557303357349560607_nAsturias quedaría atrás como un recuerdo presente, por delante una Galicia profunda por descubrir, una etapa hasta Gontán con un desvío especial. Un desvío que a pesar de no estar en nuestra ruta trazada, no podríamos pasar de largo, un cercano lugar que escondía una magia espectacular y bien podría desviarse la ruta del camino de Santiago con el fín de pasar por este preciado lugar.

Una visita a la que dicen ser la cuarta playa más bonita de Europa y que al igual que con los bufones la marea se pondría de nuestro lado para poder disfrutarla, ¿quién dice que no? Llegamos según lo previsto a la citada maravilla natural, las playas rocosas colindantes, Castros, Estero nos iban avanzando lo que nos esperaba por  descubrir. Y llegó el momento, bicis atadas a un póster informativo y a bajar por aquella húmeda escalera a nivel del mar. Un paseo por aquel lugar mágico donde la naturaleza día tras día, década tras década y siglo tras siglo ha ido tallando a su antojo cada una de las cavidades de este paraíso natural. Un lugar donde perderse y relajarse con el sonido de las olas y los sentimientos que te transmiten sus arcos de más de 30 metros e infinidad de grietas y cuevas de pizarra y esquisto erosionado. ¿Cómo no merecer ese nombre de Playa de las Catedrales con el que se conoce a este lugar popularmente, a pesar de llamarse Playa de Aguas Santas?
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Pero tocó despedirse de la praia das Catedrais y rodar de nuevo. Un rodar que pronto se vería afectado por la pesca de un ejemplar gaditano, no, no me refiero a un salmonete ni ninguna urta, sino a que un ejemplar de cubierta cicloviajera mordería el anzuelo oxidado de algún pescador imprudente. Solventar el problema nos llevaría un buen rato, ya que la reparación se vio complicada por el tubelizado de las nuevas ruedas de mi padre. Un tubelizado que nos haría reconfirmar que este tipo tan “pro” no es tan amigo del cicloviajero. Finalmente tras un buen rato en aquel taller improvisado junto al compresor de aire, optaríamos por cambiar la válvula e ir sobre seguro, poniéndole cámara nueva. Todo reparado y a pedalear  hasta poder tomar la Nacional que nos haría llegar a la catedral de Lourenzá, catedral que según nos contaron serviría de prueba y boceto a modo de gran maqueta para la Catedral de Santiago.
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De nuevo adiós a la carretera y saludos al monte gallego. Por delante un duro ascenso que nos llevaría, con heroico esfuerzo, desde Mondoñedo hasta el pequeño pueblo de Abadín, donde decidimos descansar para afrontar con fuerzas la etapa del día siguiente.

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P.D. Doy las gracias a la Carol, la documentalista entregada, por avisarme que pasara por esta famosa playa de las Catedrales y que incluso se molestó en buscarme los horarios de marea y todo lo necesario para que nosotros solo tuviéramos que disfrutarlo.

Boas noites a todos!!!

Bicos, abrazos e descanso.