Camino del Norte: De San Sebastián a Deba

Hola de nuevo!

¿Dónde lo dejamos? – Santiago de Compostela? – No, no, mucho más para atrás, que todavía queda para eso. Sigamos mejor desde San Sebastián.

Aún recuerdo esa segunda etapa, todavía la tengo presente; las piernas aún lacias y algo cansadas de la poca actividad, no del día anterior sino de la forma física resultado de llevar los últimos meses sin actividad alguna; pero bueno, ya se irían acostumbrando.

El día se presentó lluvioso. De nuestras alforjas saldrían los recién estrenados equipos de lluvia, ropa plastificada y poco transpirable, que por suerte acabaría abandonada en el fondo de nuestras alforjas el resto de los días. Una mañana que no había comenzado con un “Chirimiri de fina agua” sino más bien, con una buena señora lluvia, que nos auguraba un recorrido amargo bajo una enorme cortina de agua. Cruzábamos los dedos mientras íbamos introduciendo pertenencias en nuestras alforjas. -Vaya comienzo…-comentábamos cabizbajos.- Tranquilo, seguro que  “escampa pronto” – Nos tratábamos de autoconvencer…

– Mejorará seguro, no seas pesimista, seamos realistas, ¿llueve? Pues a equiparnos para la ocasión

Y allí estábamos nosotros, dispuestos a rodar con más plásticos encima que un invernadero de Almería; pero eso sí, ante las adversidades, fuerza, moral y una buena sonrisa.

Comenzamos nuestra jornada  con el propósito de coronar el monte Igueldo y disfrutar de la panorámica de San Sebastián. En el recorrido dimos con un pequeño rincón con botellas de agua y sello para nuestras credenciales que nos ofreció el vecino y peregrino José Mari. “Por favor, no deje dinero” recordaba un cartel, dejando clara su ayuda al prójimo de forma desinteresada; una cortina se entreabrió frente a ese punto de avituallamiento, supusimos que sería el amigo Jose Mari y le saludamos como muestra de agradecimiento.

Llegó el momento del dilema. Un cartel con sugerencia para bicigrinos y otro para peregrinos nos hizo dudar:  – ¿Camino o carretera? ¿carretera? ¿Camino? – Por la carretera- ¿Por el camino has dicho? Vale pues por el camino… Camino de botas y mochilas  por el que no importó descabalgar y disfrutar  de unas de las calzadas de piedra más largas y mejor conservadas de todo el País Vasco según informaba un cartel.

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Calzada de Aganduru

Nuestro pedalear nos llevaría  hasta Zarautz, lugar donde nuestros estómagos se encargaron de recordarnos, que ellos también viajaban con nosotros. Un descanso merecido donde además del desayuno de media mañana, disfrutamos de la charla con un local que había recorrido el camino varias veces y que nos ofreció buenos consejos para los próximos días. img_20161220_132734Un paseo costero a la salida de Zarautz nos regaló una impresionante panorámica a las bravas aguas del Golfo de Vizcaya, unas vistas que a pesar de la dureza del oleaje servirían para relajarnos mientras pedaleábamos en busca de la localidad natal de un veterano navegante, de los de antes, de  la vieja escuela, un navegante que por aquellos tiempos de descubrimientos del s. XVI, partió desde Sevilla para darle la vuelta al mundo.¿Ya sabes de quién hablo? ¿Y si te digo que lleva su nombre un buque escuela famoso? Exacto, Juan Sebastián Elcano. Tratamos de quedar con él y que nos contara qué tal le fue el viaje, pero nada no hubo manera, se ve que el hombre estaba demasiado liado con sus cosas, así que seguimos nuestra ruta en búsqueda de Deva.

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La  noble y leal villa de Deva (en euskera y oficialmente, Deba) situada al noroeste de la provincia de Guipúzcoa, se convertiría en  nuestro pueblo alberguero de hoy. 

-Perdone ¿sabe usted dónde queda la Oficina de Turismo?- Claro que sí, síganme- Juan, un señor de avanzada edad, procedente de Burgos pero instalado en Deva motivado por un amor de juventud, nos guiaría hasta las citadas dependencias. – Anda está cerrada… ¿Ahora que?- preguntaba mi padre. – Vamos a la policía local, tal vez sepan algo- Sugería Don Juan.  

En las puertas de la Policía Local, nuestro improvisado guía, ejercería de intermediario:

– Estos señores son peregrinos, quieren recoger las llaves del albergue. 

Hace años que el albergue cuenta con hospitalero, ya no hace falta buscar ninguna llave – respondió aquel agente con voz seca y como si no fuese con él.

Finalmente Juan,mi padre y yo, nos dirigimos al albergue municipal situado junto a las vías del tren de FeVe, un fuerte abrazo por su amabilidad serviría de agradecimiento y despedida a aquel gran señor.

Ya instalados y duchados disfrutamos de un paseo por sus calles, sus bares y sus buenas tapas que por aquí llaman Pintxos.

En nuestro pasear nos colamos en otra pista de pelota vasca para conocer más este deporte, que se practica desde corta edad. Una “ama” que se encontraba allí esperando a su hijo nos contó muchos detalles sobre el juego; densidad de las pelotas de cuero que botan más o menos, distintos pesos, que se juega con la mano, con una paleta o con una cesta punta (especie de garra hueca que ayuda a lanzar la pelota con más fuerza). Incluso nos invitaron a jugar, pero no tenía yo las piernas para tanta carrera y sentadilla en busca de la pelota.

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Y como diría Bugs Bunny:

Eso es todo amigos

Besarkadak eta musuak!
Ea a darle al traductor!!!!

 

Un comentario en “Camino del Norte: De San Sebastián a Deba

  1. Pingback: Ruta Uniendo Cabos: Vuelta a la Península – Historias de un Alforjero

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