Cantabria, un paraíso desconocido.

Cantabria, la gran desconocida para nosotros, otro de esos lugares emblemáticos por los que tenemos la oportunidad de rodar y descubrir a golpe de pedal, Cantabria, paleolítica de Cuevas de Altamira, Cantabria, medieval de Santillana del Mar, Cantabria, ganadera y minera, turística de montañas y mar. ¿Cuánto más nos puedes dar?

Nuestros primeros pasos comenzaron desde Ontón a Castro Urdiales, pero aún nos quedaban lugares tan singulares y mágicos como Santoña, Laredo, Santander o Comillas.

La historia hasta Laredo ya la conocéis así que pasaré a relataros cómo fue nuestro peregrinar desde entonces.

De Laredo saldríamos muy temprano con un regalo vitamínico de Raquel para el camino, un regalo que bien merecería la envidia de muchos, mejor que cualquier gel de conocida marca deportiva, pero eso vendrá después. Partimos de aquella urbanización acogedora de bajas casas de pescadores, ahora convertidas en desalojadas casas de veraneo, donde rondaba el silencio y las persianas bajadas, a la espera de los meses cálidos del año, donde con toda seguridad la población se triplicaría debido a su proximidad al mar. Los primeros rayos de sol nos darían los buenos días desde las playas de Laredo, ofreciéndonos su paseo marítimo para nuestro pedalear antes de dar el Salto a Santoña.

IMG_3040.JPGLa figura de 3 pescadores ataviados con sus útiles de pesca nos haría retrasar nuestra inminente salida, tres pescadores de tez apagada y acabados lisos, altos y postrados sobre un pedestal junto a una img_20161223_091337placa  que hacía mención a su humilde aportación a esta localidad.

Una señora con mirada perdida y cabello oxidado ondeando al viento se sumaba a la despedida de estos dos locos viajeros, no podría faltar el recibimiento de tres plateados  delfines que jugaban en tierra firme fuera de su hábitat natural.

00580669  Un Paseo que se acabaría sin la posibilidad de atravesar de orilla a orilla a través de aquel dormido embarcadero, el tiempo invernal no ofrecería ningún servicio por lo que la única solución posible sería la de rodear la Ría de Tetos y el Parque Natural Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. En El Rodeo una carretera recién asfaltada nos llevaría a Santoña, no sin antes resultar ser el hazme reír de la población santoñes, un semáforo eternamente rojo nos tendría parado a la espera de ponerse en verde, hasta que el primer coche osara a cruzarlo haciendo caso omiso a dicha señalización, sí amigos míos… este semáforo se ponía en verde al detectar el paso de algún vehículo, si no llega a pasar ninguno en ese momento todavía podemos estar esperando allí… ¡Pero bueno!  tocaba seguir y llegar a esa localidad cántabra tan conocida  por muchos gaditanos, localidad conocida debido a una agrupación carnavalesca que hay creada  allí y que se desplaza anualmente para participar en el COAC, o dicho de otro modo, Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas, sí, has leído bien se desplazan hasta Cádiz para participar con su chirigota!
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Bueno que me he desviado mucho del tema. Pronto estaremos aprovechando un descanso para calentar el complejo vitamínico de Morcilla y Chorizos que Raquel, nuestra anfitriona, nos dió para el camino, la cara de los que se encontraban haciendo ejercicio y viendo ese manjar calentándose en el hornillo en la vía pública era digno de retratar por el mejor de pintores de lienzo internacional, ni la sonrisa de la aclamada Gioconda podía superar el impresionado rostro de los transeúntes. – ¿Quieres un café de postre , viejo? – Vale ¿por qué no?- Dos de Azúcar? – No hace falta el 3 en 1 de Nescafé soluble ya lo lleva Jesús.

Seguiríamos rodando en la búsqueda de Santander, a la cual, un barco de los hermanos Regina zarparía,con nuestros pertrechos a bordo, desde Somo hasta la orilla santanderina. Un paseo tranquilo, una mar plana y una ligera brisa con la mirada presente a la otra orilla, lugar donde nuestro barco atracaría a la espera de otro servicio.

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Un paseo por la ciudad natal de una conocida gobernanta gaditana, nos haría matar el tiempo de espera hasta recibir la llamada de nuestros anfitriones, Carlos y Silvia,  gran pareja amante de la naturaleza, la escalada y los grandes viajes en bicicleta. Sufririamos como de costumbre para salir de la gran ciudad, siempre temida por todo amante de la vida cicloviajera, un carril bici que se acabaría nos obligaría a tomar una concurrida Nacional en hora punta, carretera donde reinaba las prisas por llegar el primero al siguiente ceda el paso, ser el campeón triunfal del claxon mas sonoro tras la iluminación verde de un semáforo, conseguir podium en el campeonato Europeo de la frenada más apurada sobre el anciano que camina lento  sobre un paso de peatones o el tan recurrido centímetro y medio de respeto al ciclista. -Ay, Dios mió! ¿Y todavía dudas amigo del uso del retrovisor en la bicicleta…?

Por suerte Peñacastillo no quedaba demasiado lejos y pronto pudimos disfrutar del calor y trato familiar que de forma desinteresada nos ofrecieran nuestros citados amigos, Carlos y Silvia, Silvia y Carlos. Mil Gracias amigos.

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Peñacastillo


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  1. Pingback: Ruta Uniendo Cabos: Vuelta a la Península – Historias de un Alforjero

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