Como recordareis la noche la pasaremos en aquel lugar sin cobertura, un lugar que por cierto ganaría en belleza tras enviaros la crónica, con la subida de la luna las 1000 estrellas se convirtieron en 2000 y aquello se convirtió en algo aún más único.

Tras nuestro desayuno y desmonte de bártulos comenzamos a dar pedales en la búsqueda de nuestro destino Castellar de n’Hug no sin antes acabar la tarea pendiente de la noche anterior de llegar a Ripoll, donde antes de rodar por una estupenda vía verde perfectamente acondicionada hemos podido conocer una maravilla arquitectónica concretamente el monasterio de Santa María de Ripoll, un monasterio benedictino fundado por el año 880, aunque dicen que fue construido sobre otro visigodo derribado por los árabes de aquel entonces. Dejando la Wikipedia a un lado nuestra ruta continuaría ya desviándose de esta ruta principal subiendo por otro sendero atrofiado por las corrientes de las lluvias ,sendero que nos guiará Fina… Espera un momento esto ya os lo he contado? Agggg ya no sé ni en que día vivo.
Camino a Castellar y para sofocar las temperaturas nos desviamos un poco para darnos un chapuzón en unas pozas naturales donde los más intrépidos se atrevían a saltar al vacío con una caída libre de unos 14 metros y otros no tanto como nosotros aprovechamos para dar un baño en ellas, sería de tal envergadura la siesta y la relajación total que nos tomasemos en aquel lugar que finalmente decidimos pernoctar pocos kilómetros más adelante y dejar Castellar de n´Hug para el día siguiente.


Ya amanecido y tras desmontar nuestras tiendas, seguimos ascendiendo y fuimos sorprendidos por la finca «Cantora» ¿Espera un momento? Esta no era la finca de la muchacha esa que cantaba «Ese Barcoooo velero cargaaaao de sueñoooo cruzooo la Bahiiiía» si si la de dientes dientes… Entramos a pedir agua sin éxito pero bueno al menos nos valió para salir de dudas, no no era de la Pantoja ni era Cantora, sino Can Torra
Total que con más polvo encima sin ducharnos y sin una gota de agua coronamos una pequeña ermita al noroeste de Castellar de n’Hug, la pequeña capilla de Sant Joan de Cornudell nos brindaría con otra grata vista panorámica



En pocos km más llegaremos al tan citado Castellar n’Hug donde tuvimos oportunidad de probar la Coca de Vidre, un dulce artesanal de la zona llamada así por la fragilidad con la que se parte para comer, de ahí el nombre de vidrio, empujamos nuestras bicis por un rato para visitar esta pequeña localidad de la comarca del Beguedà, cualquier cosa valía para recuperar fuerzas y afrontar una dura subida hasta La Molina de casi 1200 metros de desnivel, una subida que nos puso a pruebas pero que afortunadamente discurre por asfalto y que por primera vez en toda la ruta nos paramos a comer como señoritos una parrillada de estas de las de mejor no pedaleo… pues va a ser que si tocaba y mucho una subida que nos llevaría hasta los teleféricos de una famosa pista de ski, pista por la cual nos hemos sentido corredores de ski de fondo, aunque de fondos ya andemos cortos todo hay que decirlo!

Pronto llegaríamos a Puigcerdá, lugar donde gracias a la hospitalidad de Diana y Narcís pudimos descansar bajo techo y lo que es mejor… conocer el pueblo con gente de su entorno, música ambiental en los numerosos escenarios que había montado por la ciudad por motivos festivos, varios pinchos y cervezas e incluso ordeñar leche de vaca en una máquina expendedora jajaja, si habéis leído bien, una máquina expendedora de leche de vaca donde ponías tu botella le dabas al botoncito y te la rellenaba. Curioso pero muy rico el producto!
Tras el paseo turístico , cena del huerto y botella de sidra traída del País Vasco .
Gracias a ambos por todo, sois geniales.
Eso es todo por hoy mañana nos espera otra de las peores etapas, pero esta vez no tendremos problemas con las limitaciones de 500 puntos del Gps ya que Diana nos acompañará en nuestra ruta.








Iría cayendo el sol frente a nuestros ojos perdiéndose entre las montañas, un pequeño refugio tras una puerta no anclada nos haría desplazar nuestra tienda a este nuevo cobijo.

volvíamos al centro de la población para sellar nuestra particular credencial, la oficina de turismo aún estaba cerrada pero sorprendimos a las limpiadoras municipales acicalando aquello, así que probamos suerte y nos ayudaron buscando el sello sin éxito para no tener que esperar hasta las 10.00, hora que por cierto finalmente nos daría y más en este pequeño pero encantador pueblo medieval. Un paquete lleno de “porsis” se volvió para Cádiz antes de terminar su ruta, un sello en el ayuntamiento y uno zumos de “pomes” fueron ya por fin el punto de partida.
Pronto y tras una nueva y más larga subida pero por asfalto y liviana nos llevaría a tierras de Santa Pau, donde un buen bocadillo de lomo y una fresca Estrella Damm nos daría todo lo necesario para disfrutar de las vistas al conjunto histórico arquitectónico de Santa Pau.








