Buenas amigos, ¿por donde lo dejamos? ¿Peñacastillo? ¡Pues claro que sí! Como se me va a olvidar la estancia en casa de nuestros amigos Carlos y Silvia y sus ricas croquetas para la cena, sí por mí fuese, me hubiera llevado las alforjas cargadas de las que se quedaron sin comer por respeto en el plato…
Pues nada, al lío sin más demora , seguiremos con nuestro paso por tierras cántabras:
¡Vamos, que ya queda menos!
«Si podeis parar a visitar Santillana del Mar no lo dudéis, tratar de ajustar el horario del almuerzo para deteneros allí y disfrutar de sus calle»- Sabio consejo que algún que otro compañero nos diera»
Cantabria, la gran desconocida para nosotros, otro de esos lugares emblemáticos por los que tenemos la oportunidad de rodar y descubrir a golpe de pedal, Cantabria, paleolítica de Cuevas de Altamira, Cantabria, medieval de Santillana del Mar, Cantabria, ganadera y minera, turística de montañas y mar. ¿Cuánto más nos puedes dar?
Nuestros primeros pasos comenzaron desde Ontón a Castro Urdiales, pero aún nos quedaban lugares tan singulares y mágicos como Santoña, Laredo, Santander o Comillas.
La historia hasta Laredo ya la conocéis así que pasaré a relataros cómo fue nuestro peregrinar desde entonces.
¿Te alarmó el título? Disculpa solo fue un gancho para llamar su atención.
Capítulo 4.
– Que buena experiencia por Bilbao me ha encantado. Algún día seguiré sus pasos. ¿Al final como llegasteis a Laredo? Cuente cuente por favor, que me tienes enganchado a vuestras historias abuelo.
– Me alegro que te gustase, siéntate, y tómate tu Cola-cao que se te enfría, seguiré contándote como tu padre y yo recorrimos el norte de España sobre nuestras bicicletas.
Que bonito me ha quedado la introducción. Pero volvamos a la realidad que por ahí dicen que tan solo es necesaria una mentira para poner entre dicho 1000 verdades.
Pues continuemos por donde lo dejamos:
Pocos días han sido los que rodamos por Euskadi, pero como siempre, nos llevamos un bonito recuerdo de su gente, sus costumbres, tradiciones, su gastronomía , arquitectura y todo lo que rodea. Un rincón dónde sin dudarlo nos quitamos el sombrero, el casco o la txapela, con unas zonas y carriles bicis muy cuidados y sobre todo un respeto al ciclista cómo nunca antes había visto y , aunque suene una cursilada, este pequeño pero acogedor territorio con forma de corazón se ha llevado el nuestro, hemos recorrido tan solo Guipúzcoa y Vizcaya, pero que no se nos encele Álava, volveremos para rodarla.
Euskadi, eskerrik asko eta laster arte/Muchas gracias y hasta pronto.
¿Comenzamos?
Deba, 06,30 de la mañana,ruidos en la habitación, ¿quién osará despertarme a estas horas? Abro los ojos con la estrechez suficiente para poder comprobar que Min-Ho y Anne, se están colocando sobre las espaldas sus pesadas mochilas y agarrando sus bordones modernos del Decathlon, bordones que ahora se llaman palos de trekking. A duras penas levanto mi mano y me despido de ellos. ¿A dónde irán estos «chiquillos» a estas horas, si las calles y las farolas aún están cerradas?
Ya desvelados, decidimos seguir sus pasos y comenzamos a prepararnos para nuestra salida. La oscuridad aún reinaba sobre Deba, pero la iluminación artificial del lugar nos ayudó a contemplar el río Deba desde otro punto de vista. Una ikurriña que ondeaba en aquel «Portu» quedaría inmortalizada junto a mi fiel compañera, momento que mi padre aprovechó para conversar con un pensionista dando así rienda suelta a su palabrerío mañanero y ya de paso contarle nuestros propósitos del día.
Aquel señor nos recomendó dos salidas, una por la costa y otra subiendo por el monte. Viendo la poca luz, aunque estaba ya amaneciendo, y sobre todo la gran cantidad de tráfico, nos inclinamos por el monte. ¿Error?, ¿sí?, ¿no?, ¿quién sabe…? En ese momento vimos que eso iba a ser lo mejor y seguimos nuestro instinto.
La Ermita del Calvario, aquel nombre ya invitaba a pensar que el camino se presentaría «divertido» para nosotros, pero, ¿tenemos prisa por llegar? ¡En absoluto! Con la mente y la mirada puesta en el alto de aquel cerro comenzamos a rodar y a tomarnos el camino con filosofía y tranquilidad. Por el camino conocimos a dos ancianas que nos animaban constantemente con sus «Aúpa» para seguir avanzando, digo constantemente, porque cada vez que nos parábamos a descansar las señoras nos adelantaban y nos saludaban con algo de malicia y sentido del humor.
Un camino de pista rodeado por grandes troncos perfectamente apilados y a la espera de ser aserrados, nos iría acompañando en nuestro camino a la pequeña población de Larruskain. Una aldea o más bien calle, en la que detuvimos al furgón del panadero para poder degustar el buen pan de la zona; un «ogia» que por aquí ponen de metro y medio, un pan mucho más elaborado y rico que al que nos tienen acostumbrados en las zonas menos rurales, un pan ultracongelado que ni por asomo se puede comparar con aquel «ogia» que nuestros paladares y estómagos disfrutaron en aquel merecido descanso.
En la búsqueda de Markina,el macizo de Arno nos obsequió con un cambio provincial, ya que dejaríamos Guipúzcoa para ser recibidos por Vizcaya. Casi sin darnos cuenta y por una carretera al 90% libre de coches, con unos paisajes muy característicos y en contínua bajada, nos colocamos en la trístemente histórica Gernika. Un recuerdo a Picasso, un recuerdo a la historia y un paseo por sus calles y principales plazas y rumbo a Bilbao.
Y así, sin más pena ni gloria, llegamos a Bilbao. En esta ciudad nos esperaba Rafa, un compañero de la red Warmshowers y maestro universitario, que nos brindó su casa para que pudiésemos descansar y disfrutar de Bilbao. Tuvimos la suerte de que Rafa nos mostrara su ciudad, su catedral de nombre Santiago, sus calles o mejor dicho «Kaleas», el Arenal y su ría de Nervión, el museo de Bellas Artes y los rincones de las 7 calles. Para rematar nuestra buena suerte, hemos coincidido con un Bilbao en fiestas,las fiestas de Santo Tomás; un festejo que se remonta a tiempos de caseríos, cuando los inquilinos de los pueblos traían sus productos agrícolas y artesanales a la ciudad como moneda de cambio a sus señores arrendadores. Festividad que en la actualidad se aprovecha para juntarse con cuadrillas de amigos y los más jóvenes para beber txakolis hasta perder el rabillo de las txapelas.
Por nuestra parte la hemos aprovechado para aprender cositas y costumbres de aquí, fotografiarnos y como no, dejar nuestra carta al Olentzero.
– ¿Olentzero? ¿Me puedes explicar quien es este simpatico y agradecido señor?
– ¡Está bien! Atiende y apunta:
Olentzero es un señor bonachón carbonero que junto su boina y pipa , cada 24 de Diciembre baja de las montañas para traerle regalos esos niños y no tan niños vascos y navarros, que con ilusión han esperado su llegada y se han portado bien, todo el año o al menos las 48 horas antes de su llegada… Podría extenderme mucho más por la historia se de este ser popular, pero básicamente, ya habrás podido descubrir «pequeño saltamontes», que se trata de un representación similar a El Apalpador, o también Pandigueiro, de Galicia; el L’Anguleru, de Asturias; el Tientapanzas, de Écija; el Tió de Nadal, de Cataluña y Aragón, personajes con arraigo de la mitología popular navideña.
Y si tanto festejo popular no hubiera sido suficiente, fuimos abducidos y rodeados como turistas distraídos por un corro de personas mayores que nos brindaban al son de sus txirulas (flautas), tamboriles y acordeones, su baile regional ; mientras danzaban y giraban sus queridas vestimentas populares, con sus manos en alza y sus calcetines de lana blanca.
¡Vivan las sanas costumbres y que nunca se pierdan las adorables tradiciones!
Y sin más nos despedimos de Bilbao, ciudad de la ría, el Guggenheim y otros muchos rincones más con encanto
Pues nada eso que…. De nuevo en Cataluña! Nos despedimos con un fins aviat y aquí estamos, volviendo con las pilas cargadas, prácticamente recién aterrizados de un vuelo perfecto, aunque con algún que otro badén pero sin grandes atascos! ¡¡¡Que alegría eso de volar!!!
Por delante nos queda una noche larga de espera y de conocer el aeropuerto del Prat en su vertiente más tranquila sin el trasiego de viajeros nerviosos de aquí para allá pendientes de sus smartphones y los nervios por coger el siguiente vuelo a su destino laboral, nos espera una noche de operarios de limpieza y luces tenues con la ilusión de comenzar nuestra nueva aventura, con la mirada puesta en el reloj y no para estresarnos como los antes citados sino para tomar el próximo vuelo que nos lleve al encuentro de nuestras queridas alforjas.
Amigos…la aventura está apunto de empezar!!!!!
Con esas palabras comenzaría esa nueva aventura que en adelante os narraremos. Otra nueva aventura que daría comienzo un 19 de Diciembre de 2016 y tendría como objetivo recorrer todo el norte peninsular de Este a Oeste guiados por incontables flechas amarillas que nos guiarán hasta Santiago de Compostela y Finisterre
¿Comenzamos una nueva tanda de vivencias? Pues al lío!
Arratsalde on!/Buenas Tardes!
Pues aquí estamos muy cerquita de Irún, más cerca de lo que nos gustaría pero la noche en el Prat nos dejó medio KO. Deambulamos por los pasillos hasta encontrar donde poder tumbarnos para al menos intentar pegar ojo; costó lo suyo a pesar de que aquel banco de madera de la zona de restaurantes nos ofreció cobijo, pero ni con esas, allí estábamos como el péndulo de un reloj girando el cuerpo de un lado a otro y marcando las»en punto», porque es lo que duraba la cabezada, una hora justo. De vez en cuando me levantaba de mi zona vip y deambulaba a lo Tom Hanks en la peli de «La Terminal«. No fuimos los únicos que pasamos la noche allí, se veían pasajeros y trucos de lo más variopintos para poder dar una cabezada antes de su vuelo, incluso llegué a ver a una chica dormida usando la pantalla de su macbook abierto como «sujeta frente», (sabía los de Copérnico eran buenos y con recursos pero jamás me podría imaginar que hasta ese extremo de sujeta cabezas tan sofisticado).
Pasarían las horas lentamente y los km y km andados de la primera a la última puerta de embarque de forma repetida a la espera interminable de nuestro vuelo. Un café con una napolitana a medias con mi padre nos engañaría algo el estómago a pocas horas de nuestra salida.
Por fin nuestro embarque se anunció «B-62 con destino San Sebastián».
Nos haríamos hueco entre los asientos de aquella puerta de embarque, mientras los impacientes formaban una cola eterna para entrar en el avión los primeros y despegar al mismo tiempo que el último en sentarse dentro del Airbus de Vueling. Mostramos nuestros tarjetas y nos sentamos en aquellos estrechos sillones, mientras las azafatas con su sonrisa permanente mostraban el uso de los elementos de seguridad y observábamos a pasajeros de distinta índole, desde el que se come las uñas mientras suda la gota fría fruto de los nervios, hasta el que repasa los puntos a tratar en su próxima reunión de empresa. Unas luces indican el uso obligado del cinturón de seguridad y la necesidad de poner los dispositivos móviles en modo avión o desconectarlos. Un paseo por la pista antes de «pisar a fondo» y sustentarnos en el aire con ese particular pellizco y sensación extraña que es el de tomar altura. Ya en vuelo no tocaba surcar los mares del sur, sino surcar los cielos del norte, disfrutar de las mejores vistas de mi vida, no separar la frente de aquella ventanilla, Contemplar a vista de pájaro un mundo diferente mientras mi padre dormía lo que podía en el asiento central. Sobrevolar aquel manto de nubes como espuma en un mar bravío, me despertaba todos los sentidos, una cama de algodón sobre oscuros núcleos de población con perfiles iluminados a su antojo y miles de luces blancas siguiendo el trazado de las carreteras como hormigas obreras una tras otra, una gran luna que se veía con solo girar la cabeza sin necesidad de levantarla, y, para colmo y disfrute nos amaneció 15 minutos antes de aterrizar, poniéndole así la guinda al pastel con sus tonos rojizos y la vista a un horizonte circular.
Ya aterrizados y con el pie puesto en Irún nos fuimos en busca de nuestras fieles alforjeras a las oficinas de Envialia. Desmontando caja, preparando ruedas, comprobando que todo esté donde debe de estar…
– ¿Todo preparado «opa»?- Le preguntaba mientras el nerviosismo de la primera pedaleada se apoderaba de mí
– Si chico, todo listo. ¿Has avisado a tu madre?
– Ahora mismo lo hago! Lo olvidé con los nervios!
– ¿Ya? ¿Listos? Pues a rodar! Rodaje ascendiendo para comenzar suave… Una bonita subida en la búsqueda del monte Guadalupe y del monte Jaizkibel, un camino cubierto de hojas secas, perfil irregular pero compacto y con restos de castañas.
Llegaríamos a la pequeña población de Pasajes, donde una escalera empinada nos hizo bajarnos y tomar las precauciones oportunas mientras contemplamos la barcaza que nos llevaría al otro lado de la orilla (ni en vacaciones nos libramos de embarcar). – Las bicis en la proa por favor -¿Cuánto le debemos señor barquero? – Nada, los hombres bonitos no pagan dinero. – ¿Cómo?- Son 0,50 por cabeza y bicicleta – Ahí lo lleva usted.
Pasajes.
Una carretera local y 9 km escasos nos dejarían junto a una de las playas más conocidas de todo el país, – ¿Se refiere usted a la playa de la Concha?– Esa playa ubicada al oeste de la desembocadura del río Urumea, separada del mismo por el monte Urgull y alojada en la Bahía de La Concha, con una longitud media de 1.350 m, una anchura media de 40 m y una superficie media de 54.000 m²? -Efectivamente, sí, esa es. ¿Lo has mirado en wikipedia no? – Yo? no…no -Bueno, siga usted con la crónica.-
Una playa custodiada por un gran monumento esculpido con la talla del Sagrado Corazón de Jesús al mas puro estilo Cristo Redentor de tierras brasileñas. Llegamos incluso a planteamos bañarnos en la Concha, algo que es típico, pero no está la cosa para darse un baño y acabar por Donostia buscando una «botika» de guardia.
No es que fuera muy tarde en ese momento, pero al final tomamos la decisión de descansar en un albergue juvenil a las afueras de San Sebastián y afrontar así la próxima jornada con más fuerzas, ya que la noche había sido demasiado larga.
La tarde la dedicamos a descansar y a hacer compras en el Super Amara para merendar,cenar y desayunar.
Pronto estaremos en Bilbao celebrando Santo Tomás y disfrutando de sus fiestas populares,que por cierto, hablando de costumbres populares, estuvimos un rato en un pabellón viendo cómo un gran número de jóvenes jugaban a un clásico por estos lares, ¡la pelota vasca! Yo, es ver los golpes que le dan a esa pelotita contra la pared, y dolerme la mano ; aún así espero jugar antes de rodar de nuevo.
Tras miles de años de paz y armonía, una guerra entre dos razas desata la desolación en un territorio que quedará yermo. Tras tanto odio, muertes y residuo del poder arcano, surgirá un mal que hará que las razas que viven en Rahaylimu se unan de nuevo para combatirlo.