“Última entrega”
Pirineos catalanes añadidos a Uniendo Cabos!
De nuevo un trozo más de sueño alcanzado, de nuevo un pedacito más conseguido, de nuevo el proyecto Uniendo Cabos se va cerrando pasito a pasito, km a km, yarda a yarda,milla a milla, pedaleada a pedaleada.

¿Comenzamos?
Última etapa de este particular viaje, una etapa de la cual mi ojos no pudieron disfrutar de los paisajes montanos del sur del Parque Nacional d’Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, ni de los valles de Manyanet y Erta, no pude disfrutar del Coll Roig o las Minas de Malpàs ni incluso de la pequeña aldea de Gotarta no pude disfrutarlos no por no rodar por ellos ni por su desniveles de 1500 positivos y 1700 negativos acumulados en sus 48 km, no pude disfrutarlos por que mi mente andaba en otros lares, en la despedida, en el fin de etapa en el recuerdo de todo lo vivido atrás, en el recuerdo de cada vivencia vivida, recordada y narrada, no puede disfrutarlo porque mi mente andaba encajando y redactando estas palabras esta crónica final de un nuevo pero no último viaje.

En mi mente andaba el recuerdo de mis pasos por estas tierras hermanas, de su gente y de su hospitalidad, de sus costumbres y tradiciones desde Sant Jordi a Montserrat, de sardanas a los castellers, de primavera a nadal con sus Caga Tió y su gastronomía rica en calçots, carquinyols y ricos Torrons d´Agramunt! En mi mente andaba el recuerdo de sus pueblos desde Alcanar hasta Pont de Suert, de sus costas desde Dorada a la increíble Costa Brava pasando por Garraf y Maresme, de sus puertos de montaña de sus valles y collados de su segmento Pirenaico.
En mi rodar he sentido desde la aglomeración de los pueblos costeros como Salou hasta la soledad y tranquilidad de poblaciones como Burg o Tirvia.

El recuerdo y agradecimiento a cada uno de las amistades que hemos dejado por el camino a nuestro paso por sus cuatro provincias desde Tarragona a Lleida, a Andrés Lozano en el Delta del Ebro, Enric y Montse en l’Ametlla De Mar, Míriam y Manuel en Tarragona, Rosa Calabuig en Vilanova i Geltrú, Carolina en Blanes y Bcn, Mari Carmen Andújar en Palafrugell, Alejandro López en Rosas, Narcís y Diana en Puigcerdà e incluso Abdiel en tierras fronterizas de Andorra, a todos vosotros millones de gracias por vuestra hospitalidad y amistad.
Gracias a Bike Zoo y Gimnasio Rizo por ayudar a la preparación física y mental y la puesta a punto de nuestras rodantes máquinas
Cataluña rodada, Cataluña completada, Catalunya amiga meva tan solo me queda agradecerte todo lo que me has ofrecido, sin duda me he sentido parte de vosotros.
Mil gràcies per tot i fins aviat




En plena subida, en la búsqueda del
Aquella pista nos parecerá no acabar nunca al menos nos compensaba algo el esfuerzo sabiendo que estábamos rodando por los caminos donde un gran centenar de deportistas recorren su trazado por la famosa y dura prueba Pedals de Foc. ¿Pedals de foc? ¿Qué es concretamente?


Ya despedidos y en faena saldríamos de paseo por la zona céntrica de Andorra, infinidad de negocios con electrónica, ropa, alcohol y tabaco al más puro estilo Gibraltareño, que no causaría demasiada admiración en dos ciclistas alforjeros como nosotros, pero quitando ese tipo de turismo una bonita ciudad.
Mi padre, yo y los víveres donados por Abdiel, iríamos coronando este puerto hasta Os de Civis, nadando a contracorriente del río La Valira que paseaba sus aguas en dirección opuesta a nosotros entre piedras y pequeñas cataratas formadas en su estrecho cauce, incluso fuimos fotografiados por las 60 cámaras tras el cristal de un autobús de viajeros longevos que nos superó.





Iría cayendo el sol frente a nuestros ojos perdiéndose entre las montañas, un pequeño refugio tras una puerta no anclada nos haría desplazar nuestra tienda a este nuevo cobijo.

volvíamos al centro de la población para sellar nuestra particular credencial, la oficina de turismo aún estaba cerrada pero sorprendimos a las limpiadoras municipales acicalando aquello, así que probamos suerte y nos ayudaron buscando el sello sin éxito para no tener que esperar hasta las 10.00, hora que por cierto finalmente nos daría y más en este pequeño pero encantador pueblo medieval. Un paquete lleno de “porsis” se volvió para Cádiz antes de terminar su ruta, un sello en el ayuntamiento y uno zumos de “pomes” fueron ya por fin el punto de partida.
Pronto y tras una nueva y más larga subida pero por asfalto y liviana nos llevaría a tierras de Santa Pau, donde un buen bocadillo de lomo y una fresca Estrella Damm nos daría todo lo necesario para disfrutar de las vistas al conjunto histórico arquitectónico de Santa Pau.